Sobre mí

 ¿Quién soy?

    Mi nombre es Luis Bazán Palacios. Actualmente vivo en la Ciudad de Río Cuarto, Provincia de Córdoba, República Argentina, Nacido en 1960 diría que me he dedicado a las personas desde hace más de 30 años.

Dirijo una consultora de Capacitación y Desarrollo fundada en abril de 1993 (Bazán & Asociados) dedicada sobre todo a la formación de profesionales dentro del ámbito laboral en temas de Gestión Comercial, Liderazgo y Mejora Continua. En diciembre de 2017 creo la consultora Nuevo Zentido, cuyo propósito es colaborar en el desarrollo personal más allá del ámbito laboral o profesional.

Acompaño a personas en situaciones críticas y a pacientes en etapa terminal desde 1990, actividad que considero como "mi gran escuela de vida" al brindarme una perspectiva totalmente distinta de lo que significa la existencia humana. Por esta razón comencé mis estudios de Teología (Católica) en 1993 con el afán de encontrarle sentido a la vida, buscar la Verdad y encontrarme conmigo mismo. Una vez finalizados los estudios sobre Teología, decidí ampliar mis horizontes sumergiéndome en la naturaleza y el espíritu de la sabiduría oriental y sus distintas expresiones como el Zen y el Taoismo tradicional, que me aportaron una perspectiva distinta, enriqueciendo mi visión del Todo. 

El Coaching Ontológico, la Programación Neurolingüística y el Mindfulness me aportaron herramientas para ayudar a otros a encontrarse con sus potencialidades, que junto a un posgrado en Psico-Espiritualidad Terapéutica, una Maestría en Energía Qi (de la Medicina Tradicional China MTC) y una diplomatura en Digitopuntura convergieron en una nueva disciplina que desarrollé y a la que llamo Zen-Tao-Shen.

Debo aclarar que lo que acabo de enumerar está relacionado a lo que aprendí (hasta ahora) y a lo que me dedico, pero de ningún modo me identifica con lo que soy, pues "todos somos mucho más de lo que hacemos o sabemos", y la respuesta a la pregunta ¿quién soy? abarca cuestiones y principios mucho más profundos que un trabajo o un diploma. Si tuviera que sintetizarla, te diría que "soy un caminante" que ha recorrido los dos caminos del Hijo Pródigo (el de ida y el de regreso), para finalmente haber despertado a lo que realmente es importante en la vida de cada uno de nosotros, mirando en perspectiva el mundo que nos rodea y descubriendo que la existencia pasa por otro lado, donde la paz, el amor incondicional y la libertad son reales y posibles. 

A veces me resulta más fácil definirme desde lo que NO soy:
No soy un gurú o un maestro que desde el púlpito enseña a los demás como si no tuviera nada más que aprender. Considero que todos tenemos un Gran Maestro, al que llamo Dios (tú eres libre de llamarle como quieras)
No soy un "superado" que tiene respuestas para todos los interrogantes.
No soy un "vendedor de doctrinas" en las que tienes que creer. Creo que cada persona tiene o debería tener un encuentro personal y profundo con el Creador, y que Él tiene un mensaje para cada uno en particular y en cada momento en particular. Mi misión sería en todo caso, ayudarte a lograr tu propio encuentro.
No soy un "catedrático" que hable sobre lo estudiado o sobre lo conocido. Sólo comparto mis experiencias. Estudiar teología me sirvió para saber "acerca de Dios", pero fue a partir de mis encuentros con El Maestro que mi vida tomo una nueva y definitiva dirección.

¿Quién soy?: soy el que soy... y te invito a que te conozcas y nos conozcamos, que compartamos experiencias que nos van a enriquecer mutuamente, y seguramente a otros también. Te invito a que caminemos juntos, cada uno en su propio camino, pero con lugares o "paradores" donde nos encontremos para comentarnos cómo nos está yendo, qué aprendimos, qué cambiamos y qué anhelamos.
Te invito a la apasionante AVENTURA DE VIVIR...

¿Por qué hago esto?

TUVE UNA EXPERIENCIA... 
Probablemente otros lo definirían como "una Iluminación" o una "visión", pero prefiero llamarla "experiencia".  Para Martin Heidegger, filósofo alemán (1889 - 1976) y pensador muy influyente del siglo XX, "la experiencia surge de un acontecimiento que se apodera de nosotros y que nos transforma", y nada más claro para mí que esta definición. 

Participaba de un retiro espiritual en un lugar fantástico a orillas del río Quillinzo de las Sierras Chicas de Córdoba (Calamuchita) cuando tuve la oportunidad de estar solo frente al Santísimo durante varias horas. Sentado en mi reposera, contemplaba apaciblemente la Eucaristía cuando me sentí transportado al lugar donde mi padre había nacido, la chacra de mis abuelos en Las Maravillas, a unos tres kilómetros de Villa Cura Brochero - Córdoba. Sabía que seguía en la Capilla frente al Santísimo, pero también sabía que estaba a la vez en aquel lugar a orillas del río Panaholma. En la escena me encontraba en una parcela llena de yuyos y malezas. Con mi mano derecha tenía asido el mango de un arado de una pala, de esos que usaba mi abuelo para trabajar la tierra en esos mismos terrenos. Recuerdo cada detalle de aquel mango de algarrobo, cuarteado por el tiempo y curtido por las manos de quienes antes lo habrían tomado. El arado estaba atado a una mula blanca con todos sus arneses, y sobre el lomo del animal había un par de alforjas, una a cada lado, con lo que parecían ser semillas. A orillas del cerco y a la sombra de un espinillo estaba sentado en cuclillas un hombre, a quién no dudé en identificarlo como Jesús, el Maestro. Estaba mirando el suelo y con un palito hacía garabatos en la tierra, para luego levantar la vista hacia mí con una sonrisa tenue. En ese momento una mano enorme de alguien que estaría detrás mío, toma la mía como envolviéndola junto con el mango. Recuerdo también que sólo veía parte de su brazo. Entonces una voz me dijo: "Clava la pala y comienza a trabajar la tierra". Me percaté que no tenía las riendas para guiar a la mula y darle dirección a los surcos, y lo comenté... Inmediatamente esta voz suave y a la ves firme me dijo: "No te preocupes, no es tu deber saber en qué dirección se sembrará. La mula será quién guíe". Aprovechando la oportunidad del diálogo, pregunté qué tipo de semillas iba a sembrar. Nuevamente la voz me dijo: "Tú no vas a sembrar, sólo te dedicarás a abrir surcos. El Maestro será quien siembre la semilla que crea conveniente en el terreno propicio y en el momento oportuno, de tal manera que no sabrás qué frutos darán ni tampoco en qué medida. Cuando hayas culminado tu trabajo se reunirán para estar juntos siempre"

Luego, regresé con mi consciencia a la Capilla para quedarme dormitando y saboreando aquella experiencia...

Fue tan fuerte mi vivencia, que durante mucho tiempo medité sobre el significado de aquel encuentro. Ya había vivido situaciones de esas que te marcan para el resto de la vida. En el 2007 tuve una pancreatitis aguda necro-hemorrágica con un absceso, lo que me mantuvo casi 90 días internado en terapia intensiva, más de un mes en una habitación de la misma clínica y un par de meses más con una internación domiciliaria en mi casa. Tenía 13 sondas que entraban y salían de mi cuerpo, abierto (marzupializado) en todo el recorrido del diafragma para que el médico todos los días me limpiara el páncreas, metiendo en mi abdomen su mano para extraer con pinzas el tejido necrosado. En la tercera intervención quirúrgica (fueron ocho en total) tuve una de esas experiencias donde me pude ver en la camilla del quirófano, los médicos trabajando sobre mi cuerpo, la anestesista al lado de mi cabeza y también a mi hija, que estaba en la sala de espera. Al cabo de unos segundos estuve en presencia de mi padre, quien había fallecido cinco años atrás. Podía verlo tal cual era cuando yo tenía unos 12 años. Y esta presencia me acompañó en el respaldar de mi cama cada noche en terapia intensiva. Fue extraño para mí estar al borde de la muerte durante tantos días, plenamente consciente y sin miedo alguno a morirme. Para ese entonces, ya había acompañado a una infinidad de personas en las mismas circunstancias, pero ahora el que estaba acostado en aquella cama de cuidados intensivos era yo. 

Te comento esto solo para expresarte que, si bien esta experiencia fue increíblemente intensa, me marcó mucho más aquella que tuve frente al Santísimo, la del arado, la mula, las semillas y Jesús.
 

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A partir de ese momento, en cada una de mis meditaciones me encuentro con el Maestro para escuchar o "experimentar" sus palabras. Son encuentros donde tengo la plena seguridad que estas palabras no son mías por el simple hecho de que no se me habrían ocurrido nunca y además, porque ni soy tan elevado ni tampoco tan profundo. Encuentros también llenos de un humor y alegría que me sorprenden y que están muy lejos de toda solemnidad.

A esta altura probablemente estés tentado de diagnosticarme con esquizofrenia. No te preocupes. Yo mismo me lo cuestioné durante poco más de diez años. Y si padeciera de esquizofrenia,  te diría entonces que soy un esquizofrénico muy feliz.

¿Por qué hago esto? Porque comprendí que mi vocación es "abrir surcos", donde el terreno son los demás, y mi misión es simplemente abrir la tierra (tu mente, tu corazón) para que el Maestro siembre lo que Él crea necesario y en la media justa, a través de un diálogo muy íntimo y personal del cuál no participo más que como un compañero de camino. No se trata de religión ni de doctrina. No se trata de convencer ni de convertir. Solo se trata de encuentros muy profundos entre tú y un Maestro que tiene mucho para decirte. 

Lo que puedo hacer por ti

    Creo que vivimos en una especie de sueño en el que quedamos atrapados por nuestra mente, que solo percibe el mundo a través del ojo de una cerradura mediante interpretaciones y juicios que se convierten en convicciones y creencias que terminan limitándonos en muchos aspectos de nuestra vida (cuando no en todos) Creamos nuestra propia cárcel y pedimos que nos liberen, sin saber que la puerta no está cerrada mas que por nuestra imaginación.


¿Qué puedo hacer por ti? Ayudarte a despertar tu consciencia para que tú también puedas despertar a otros...

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