¿UN CRISTIANISMO ZEN?

Mucho se ha hablado hasta hoy sobre el Cristianismo y sobre "ser Cristiano"

Mi propuesta es hablar de un CRISTIANISMO ZEN...

Jesús, el HIJO DE DIOS VIVO, LA PALABRA HECHA CARNE se hizo presente entre nosotros: "La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron... 
(Evangelio de Juan, Cap. 1)


Mucha mente... poco espíritu

Dos mil años después,  el mundo cristiano sigue enredado en "la letra" de SU PALABRA y pareciera haber dejado en un segundo plano al "Espíritu" del menaje. Continúan las controversias sobre si María tuvo más hijos, por lo que Jesús tuvo hermanos, o si aquellos que llamaban "tus hermanos" lo eran en el sentido hebreo del término (primos, tíos, primos segundos, cuñados y otros familiares) Siguen los cuestionamientos sobre la relación que pudo o no haber tenido Jesús con María la de Magdala, o la inquietud sobre por qué los tres primeros Evangelios no hablan de Nicodemo (el fariseo) mientras que Juan (el cuarto evangelista) le dedica una perícopa completa y dos intervenciones más en momentos claves de la vida del Mesías. Tampoco hay unanimidad en el cristianismo sobre si la mujer puede o no ejercer el sacerdocio, si los sacerdotes debieran o no ser célibes, y tantas otras que parecen no tener fin. Desde mi punto de vista, estas cuestiones dividen la "universalidad" del mensaje que el Maestro vino a darnos, debilitándolo (humanamente hablando) al extremo de haber dejado de despertar el interés y sobre todo, en las nuevas generaciones... 

Hoy, el Cristianismo está fraccionado en innumerables religiones y sectas. Hemos "empobrecido" el Mensaje vivificante del Maestro; un Mensaje  que es de todos y para todos, sencillamente porque el AMOR es la fuerza universal que todo lo penetra y se entrega sin condiciones ni distinciones de credos, razas, posiciones y culturas. 


Lamentablemente, aquellas palabras con las que comienza a hablar Juan, están más vivas y presentes que nunca: "La Palabra era la luz verdadera que ilumina a toda persona... y el mundo no la conoció". Una vez más, ganó el ego... Dios es un Dios de todos, y por ello ES TIEMPO DE DESPERTAR...


¿Qué es el Zen?

Inés M. Martín (Autora del libro "PRACTICANDO ZEN") afirma que: "Lo que caracteriza al Zen y lo distingue de otras escuelas orientales es precisamente la transmisión de la enseñanza al margen de palabras y escrituras. Se trata de avivar el anhelo de la experiencia, de vivir más que del aprender, porque el Zen que no es vivencia y experiencia no es Zen"... 

El Zen trata sobre aprender a pensar, sentir, hablar y actuar con lucidez profunda hasta que cada una de nuestras actividades y procesos psíquicos tengan lugar a la luz de la consciencia plena... es, entre otras cosas, una experiencia personal, un camino hacia nosotros mismos que nos enseña a superar los límites intelectuales y nos pone en contacto con niveles más profundos... Consiste en un modo de vivir diferente al habitual, basado en el presente, en la captación del instante, en la aplicación y desarrollo de facultades que se encuentran más allá de la mente racional. Por todo lo anterior, la vía Zen se sitúa  en ese espacio interior ubicado más allá del pensamiento... (ídem)

El Zen es el modo de aprender, crecer y despertar sin poner la mente en ello, o mejor dicho, poniendo la "no-mente".

El conocimiento adquirido no sirve para conocer el Zen, hay que conectar con otro tipo de conocimiento que es sabiduría, que se encuentra en el interior de cada ser humano y se accede mediante la mirada interior, la introspección y la observación de nosotros mismos. El Zen es adentrarse en nuestras profundidades, limpiar la mente y traspasar las puertas del aprendizaje tradicional. 

Cuando Jesús expresa en el Evangelio de Juan: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Capítulo 17), debemos tener muy en cuenta que para el pueblo de Israel (y también para los griegos) el conocimiento no procede de una actividad puramente intelectual, sino de la "experiencia" que surge del compartir la vida con el Maestro y que, para el caso, necesariamente acaba en el amor. Recordemos que Jesús no escribió ni una sola palabra, y que sus discípulos aprendieron todo lo que hoy sabemos por la sola experiencia de escuchar al Maestro y el haber convivido con Él durante unos tres años. Para Juan, el "Reino de los Cielos" y "La vida Eterna" eran sinónimo de "vida en plenitud" (más que una vida que no tiene fin). Así, podríamos interpretar las palabras de Juan como: "Esta es la vida plena, que vivan la experiencia de compartir la vida contigo, único Dios verdadero, y conmigo, a quién tu has enviado... (porque Tú y Yo somos uno)"

Esta experiencia que significa el "conocer" en términos de una vivencia más allá del intelecto, la vemos reflejada en La Academia, la escuela filosófica fundada por Platón​ alrededor de 387 a. C.​ quien compartía su vida con sus discípulos en los jardines de Acedemos (un personaje legendario de la mitología griega), fuera de los muros de Atenas. En ella, los discípulos de Platón recibían sus enseñanzas no solamente tras escuchar al gran filósofo expresando sus ideas, sino también de la experiencia de convivir con él durante años, lo que se traduce en un conocimiento mucho más profundo.

El Zen no es una religión, no tiene credo ni dios, no se encuentra en ninguna biblioteca, no tiene rituales ni sacerdotes. Es un camino hacia el "despertar de la consciencia". Quién vive en un monasterio zen tradicional, no estudia materias, ni tiene "clases" en el sentido occidental de la palabra. Tampoco hay profesores. Solo monjes que comparten sus experiencias y conviven con los que están en el camino de la iluminación. 


¿Un Cristianismo Zen?

Por todo lo mencionado, me atrevo a afirmar que un Cristianismo Zen no sólo es viable, sino "necesario"...

Si el Zen es el camino de la iluminación basado en una experiencia mucho mas allá de un conocimiento que viene del intelecto, entonces pensar un Cristianismo Zen no es otra cosa que volver a la fuente, a los inicios en donde los discípulos compartían su vida con el Maestro, recibiendo sus enseñanzas que transformaban la vida de cada uno de los que entraban en contacto con Él, a tal punto que uno de ellos, dirigiéndose al Maestro, le dijo: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna"

Un Cristianismo Zen es dejar los enredos de la letra y sumergirnos en el mensaje. Es dejar de "conocer acerca de..." para comenzar a "vivir". Es dejarse transformar por toda la sabiduría del Maestro que está dispuesto a un diálogo íntimo y personal con cada uno de nosotros. Es "vaciarnos de nosotros mismos, para llenarnos de vida". Es entender que se trata de un Dios de todos y para todos, sin excepciones. Es comenzar a transitar el camino de la iluminación para vivir lo importante sobre lo urgente; para salir del mundo de las flores de plástico y adentrarnos en lo real, lo verdadero, lo que importa. 

Un Cristianismo Zen es un Cristianismo Universal, que une en lugar de separar, porque se concentra en el mensaje y en la experiencia personal desprovista de todo ego. Es un Cristianismo sin miedos, un Cristianismo que libera en lugar de esclavizar. Un Cristianismo que te pone en contacto directo con Aquel que tiene algo para decirte y que cambiará tu vida, la vivificará y te hará sentir realmente amado sin condiciones, sin condenas, sin restricciones. 

Nadie puede amar lo que no conoce, no podemos amar a nadie si no hemos tenido la experiencia de la convivencia, del conocimiento que surge del compartir más allá de las palabras. 

Recuerda esto: Conocer acerca de vinos, nunca te va a embriagar...

Te invito a que te "embriagues" del Amor

TE INVITO A VIVIR UN CRISTIANISMO ZEN

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